¿ nervios frente a una cámara ?
5 consejos para seducirla

Es increíble el efecto que genera en nosotros el cara a cara con una cámara. A veces, sentimos como si nos leyera el alma. O como si nos desnudase frente a una audiencia masiva. Vivimos en una era en la que ya nadie escapa a ese momento, aunque sólo poquísimos de nosotros hacen de ello su profesión.

He seleccionado estos 5 consejos para todos aquellos que quieren mejorar su soltura y resultado final, aunque solo sea para aparecer en un video muy de vez en cuando. Esas ocasiones, aunque escasas, pueden ser relevantes, y todos queremos causar siempre una buena impresión. Sin excepción.

Tras haber dirigido cientos de videos testimoniales, he aprendido a detectar y aplicar aspectos que ayudan, y mucho, a los que están frente a la cámara.

Un matiz: aunque comparten similitudes, no son consejos pensados para hablar mejor en público. Están diseñados exclusivamente para “enfrentarse” a una cámara.

¡Vamos allá!

 

1. mINImIZA DISTRACCIONES EN EL mOmENTO DEL RODAJE.

Reduce drásticamente TODO aquello que pueda ser una fuente de distracción. Dedícate a escanear literalmente todo el espacio en el que rodarás y elimina, en lo posible, todo aquello que pueda generar una interrupción en cualquier momento. De los móviles, ni hablemos…

A poder ser, que no te acompañe ninguna persona que no sea imprescindible. Como mucho, el operador de cámara (a veces ni eso). Puede que también, si la ocasión lo requiere, una persona que te entrevista o que te apunta los temas a comentar. Nadie más.

 

2. ORDENA TUS mENSAJES. NO LOS mEmORICES.

No descubro nada si te digo que la fase de preparación es importantísima, ¿verdad?

El tiempo de nuestros espectadores es ORO, y no podemos desperdiciarlo. Debemos ser concisos. Quirúrgicos, me atrevería a decir. Ir al grano. No queremos que el espectador se canse o dude.

Debemos generar expectativa, en primer lugar, y en segundo aportar valor de manera sostenida durante todo el video. ¿Cómo lo conseguimos? Preparándonos.

Me encanta aquella frase que reza: “Te escribí una carta de cuatro páginas porque no tenía tiempo de escribírtela de una”. Extractar exige dedicación.

¡PERO OJO! Comunicar implica empatizar. No somos loros. Somos personas que queremos conectar con personas. Debemos hablar, NO recitar. Hablar implica llenar nuestro discurso de espontaneidad, frescura y autenticidad. Cualquier texto aprendido y vomitado carecerá de todo ello.

Por lo tanto, mi consejo es que escojamos cuáles son los puntos clave a transmitir, resumidos en tan pocas palabras como nos sea posible, para recordarlos más fácilmente. Si no debemos recitar, ¡mucho menos leer! Si usamos un Prompter, entonces que simplemente nos recuerde esos puntos.

Una vez retenidos, y ORDENADOS cronológicamente, estamos listos. Las palabras que unan unos puntos y otros deben surgir solas. Óbviamente, ayudará practicarlo antes, pero sin memorizar. Todos sabemos hablar.

 

3. LA CÁmARA NO ES UN ARmA, ES UNA mÁQUINA.

¿Por qué nos impone tanto una lente apuntandonos?? Lo he comentado antes…

Algunas personas recomiendan que imaginemos que hablamos a una persona. Sinceramente, creo que eso es una estupidez. Es una cámara, una máquina. Y vamos a tener los ojos clavados en ella… de la misma manera que ya nos relacionamos con otras tantas y tantas máquinas.

Mi recomendación es que le demos “caña”, que la afrontemos, que la utilicemos nosotros a ella para crecer.
¿Sabías que no se puede sentir confianza y miedo a la vez? Ambas emociones utilizan los mismos circuitos neuronales.

La mejor defensa es un buen ataque. Intenta (moderadamente) comerte la cámara. Utiliza toda tu expresión corporal para ello, PERO obviamente, sin dejar de ser tú. Marca mucho lo que digas. ¡Exagéralo!. Con la cara, con tus manos, con tu cuerpo.

Aprovecha la “norma del espejo” en el que pocas veces caemos: NADIE, absolutamente nadie, te mira con la exigencia con la que tú te miras. A ojos de los demás, el resultado siempre será más suave de lo que crees. No se van a dedicar a buscarte defectos… pq no tienen tiempo para ello: solo les interesa lo que les cuentas.

 

4. ¡ARRANCA! Y NO TE PARES.

No lo olvidemos: estamos comunicando.

Según los famosos estudios de 1967 sobre comportamiento no verbal, del psicólogo Albert Mehrabian, solo el 7% de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38% se atribuye a la voz (entonación, proyección, resonancia, tono, etc.) y el 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, movimiento de los ojos, respiración, etc.).
Tu espontaneidad, tu frescura, tu autenticidad… ¡tu credibilidad!, sólo dependen en un 7% de tus palabras. Y, sin embargo, llegamos muchas veces a repetir y repetir una toma porque nos enganchamos en una sola palabra, que me niego a calcular qué peso tendrá en ese total…

Y no nos damos cuenta de que, mientras, nuestra chispa se va apagando. Sacrificamos mucho por muy poco. Muy raras veces una toma final válida es mejor que una toma inicial también válida.

Ponderemos el global de nuestro ejercicio comunicativo. No busquemos la perfección. No existe. El error puede, incluso, ayudar a humanizarnos y, por tanto a empatizar con el espectador.

Los primeros instantes de nuestra grabación son cruciales para ganar CONFIANZA. Mientras ésta crece, los nervios decrecen. Y lo mejor es que con ello conseguimos, además, mejorar la calidad y eficacia de nuestro mensaje.

Por lo tanto, ¡tira millas!. Recuerda que es una cámara, no el público. A no ser que hables en directo, siempre podrás repetir alguna frase, pero lo que no podrás repetir es la naturalidad de tu primera toma.

 

5. NO CORRAS. TE ESTÁN ESCUCHANDO.

Tal y como ocurre con tus gestos, los espectadores y tú siempre percibiréis de manera diferente la velocidad de tus palabras. Lo que a ti te parecerá lento, a ellos les parecerá necesario. ¿Para qué? Para entenderte, primero, y para procesar lo que les cuentas, segundo.

Si exageras la lentitud (para ti) el resultado será un tempo muy apropiado, y de paso la vocalización mejorará con total seguridad. La mayoría de las veces hablamos rápido debido a los nervios.

En nuestra cabeza sabemos lo que deseamos transmitir y las prisas nos queman. En cierta manera, pensamos “cuanto antes acabe con este suplicio, mejor”… Error.

Si no eres claro, o si no has dado tiempo al espectador para asimilar, éste empezará acumular micro lagunas y estará cada vez más cerca de desconectar. Tanto mental como físicamente.

Un truco clave, que hay q administrar bien, sin abusar, son los microsilencios. Utilízalos a conciencia. EVITA a toda costa los típicos dejes de la voz alargando una vocal (normalmente la A o la E). Los creamos porque no concedemos valor a los microsilencios. Y precisamente esos silencios dan un respiro a la audiencia, mientras que a nosotros nos aportan dos beneficios nada despreciables: autocontrol y autoridad.

Practica estos 5 consejos y estoy convencido de que llegarás a disfrutar delante de una cámara. Algo que seguro te resultará ciertamente útil, pues todo parece indicar que han venido para quedarse 🙂